Mujeres,llega a Necochea.

Con la Coordinación de la Prof. Stella Maris Faccio Raiano, ponemos en marcha este nuevo espacio .
Tiene como objetivo fundamental ,la incorporación de nuevas manifestaciones artístico,sociales y culturales .
Creemos que las características de esta bella ciudad,hacen posible un abanico amplio de referentes .
Norma Jacomet y Equipo ,agradecen la disposición de la Sra Stella Faccio y augura muchos éxitos en la gestión.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Leyenda: El Caribea, barco fantasma.


Ligia De Rosa
Publicó en Facebook el 12 de septiembre a las 12:38
Por un dato del WM Sebastían Marquez, conseguí la historia sobre el barco fantasma que apareció en Necochea.. aquí su historia que quisiera compartir con uds.
El Caribea se presentó solo en silencio e inmóvil frente a la boca del puerto de Quequén y se mostró inerte ante la ciudad que durante la lluviosa noche, los circunstanciales paseantes les prestaron poca atención . Pero a poco de ahí, desde el puerto , los escasos marineros y prefectos que hacían guardia lo miraron con cierto recelo, por su actitud extraña y por la fecha de su llegada, 28 de diciembre, día de los santos inocentes.
No se veía a nadie en el puente de mando del indemne buque, pero alguien lo había traído hasta ese lugar, que ni siquiera utilizó el practico del puerto para lograr amarrar.
Algunos lograron ver como, luego de que el barco dejara de moverse, cinco tripulantes que descendieron escurridizos y se perdieron en la ciudad. Los más experimentados del puerto bonaerense afirmaron que era imposible que un solo capitán, y a lo sumo ayudado por otras cinco personas, hubiera podido maniobrar y hacer funcionar eficientemente semejante pesado buque carguero, se necesitaban como mínimo 15 hombres....Pero el Caribea estaba ahí.
Las autoridades de prefectura que esa noche estaban de guardia , requirieron la presencia del capitán ,y se presentó quién decía ser el capitán, León Noren, aunque no esbozó ningún expediente que así lo acreditara, pues no poseía ningún documento. El buque tampoco portaba bandera, ni puerto de origen declarado, se supo que había estado en Uruguay, donde sólo le permitieron algunos días en el puerto y meses antes había atracado en Recife, Brasil , pero sin motivo alguno .
La mañana siguiente lo encontró solitario al buque aparecido de la nada y ya rodeado por un halo de misterio e historias: Piratas modernos, contrabando , crímenes en alta mar, motín o robo, entre otros, pero rápidamente el Caribea se transformó en el barco fantasma de Quequén , ahí nomás… pegadito a Necochea.
Los marinos Necochenses , hablaron de movimientos y sonidos extraños, de misteriosas incursiones nocturnas en la cubierta, y más de uno creyó ver fantasmas durante su guardia. La gente que visitaba la reserva de lobos marinos, escudriñaba la imponente silueta que permanecía amarrada tratando de encontrar una respuesta a su extraña presencia.
El Caribea durante meses, estuvo abandonado apoyado sobre un muelle del puerto, su capitán había desaparecido. Aunque muchos afirmaban que se había “ enredado” con una lugareña y tenía en un comercio de la ciudad… nadie se molestó en buscarlo.
Cuando dos años después , se decidió su judicialización y posterior desguace un hecho fortuito y llamativo cambió el rumbo de su destino.
Una tarde de mayo de 1980 sobre el Atlantico, a unos quilómetros de Quequén se divisó una fuerte vendaval que minuto a minuto se acercaba hacia la costa. A la noche la tormenta cubrió por completo la ciudad y dio inicio a una de las mayores inundaciones en la región. El Caribea como si presintiera su desmembrado final, empezó a sacudirse con las olas, y la fuerte correntada del rio Quequén rompió sus amarras y comenzó a arrastrarlo.
Desde tierra, los pocos marineros que se quedaron esa noche soportando el vendaval, vieron como el desolado barco salió del muelle como si fuera tripulado por una mano experta. Salió al mar atravesando las escolleras sin rozar ninguna y puso proa hacia el este. Desde la costa algunas miradas agudas afirmaron ver siluetas oscuras que se paseaban por su cubierta ,como si el buque estuviese en plena tarea, esto nunca se confirmó.
Tal vez cansado de vagar de puerto en puerto y de océano en océano,y arrepentido de haberse ido ,de un puerto seguro y amigo, el barco en medio del mar giró y se encaminó hacia la costa. En medio de la tormenta solo se veía una sola potente luz, era la del faro de Quequén y hacia allí se dirigió. Con un golpe seco, encalló contra la playa. La arena lo abrazó y nunca más se movió de allí.
El Caribea dejó de ser un buque fantasma para ser un naufragio y un punto de reunión de turistas y curiosos, aunque las historias sobre el barco fantasma se siguen escuchando en el puerto de Quequén.